¡Hola a todos y todas! Acá les dejo el resumen del apunte de Hauser titulado "La edad heroica y la edad homérica" que se utiliza en Historia Social y Cultural de la Literatura I. Es un texto de 9 carillas resumido en 2 1/2.
Si desean el resumen puedo mandárselos por mail en formato PDF para que puedan imprimirlo o leerlo desde cualquier dispositivo móvil. Pueden dejar su comentario con su mail personal aclarando que desean una copia del PDF o escribirme a eterna.mariposa20@gmail.com.
Espero que les sirva para ahorrar tiempo y agilizar su estudio. ¡¡Éxitos a todos y todas!!
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LA EDAD HEROICA Y LA EDAD HOMÉRICA
L
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as epopeyas homéricas no pueden ser
considerados como la más antigua poesía griega; no sólo porque su estructura es
demasiado complicada para corresponder a una época inicial, sino también porque
la leyenda de Homero mismo contiene muchos rasgos que son incompatibles con el
retrato del poeta que se reflejan en el espíritu ilustrado, escéptico y
frecuentemente frívolo de sus epopeyas. La leyenda de “Homero” se identifica
casi completamente con el mito del poeta considerado todavía como una figura
semidivina (”vate” [de vaticinador]: profeta sacerdotal inspirado por Dios),
taumaturgo y profeta. Al igual que la poesía de todas las épocas primitivas,
también la poesía de los primeros tiempos de Grecia se compone de fórmulas
mágicas y sentencias de oráculos, de plegarias y oraciones, de canciones de
guerra y de trabajo. Todos estos géneros tienen un rasgo común: ser poesía
ritual de las masas. Los cantores de fórmulas mágicas, de oráculos,
lamentaciones mortuorias y canciones guerreras, no tenían reconocimiento
individual, su poesía era anónima y destinada a toda la comunidad; expresaba
ideas y sentimientos que eran comunes a toda la sociedad, sociedad en la que
apenas hay diferencia de clases.
En la edad heroica, la función social de la poesía y
la situación social del poeta cambian radicalmente. La concepción del mundo
profana e individualista de la aristocracia guerrera da a la poesía un
contenido nuevo y señala al poeta nuevos temas. El poeta sale del anonimato, la
poesía pierde su carácter ritual colectivo. Los “héroes” que dan nombre a esta
edad son ladrones y piratas. Su libre e irreverente visión del mundo es una
consecuencia de su perenne ocupación guerrera, de las continuas victorias que
alcanzan. . Puesto que en su mundo todo se consigue con la fuerza corporal,
valor, habilidad y astucia, para ellos todo se convierte en motivo de lucha y
en objeto de aventura personal.
Desde el punto de vista sociológico, el paso decisivo
en este periodo consiste en la fidelidad personal de los vasallos a su señor y
que no solo es independiente de los lazos de familia, sino que a veces se opone
a las relaciones familiares y suprime radicalmente los deberes del parentesco
de sangre. Esta ética social individualiza y racionaliza las relaciones
morales. La descomposición gradual de la comunidad tribal se expresa de la más
ostensible en los conflictos entre parientes, conflictos que aparecen cada vez
con mayor frecuencia desde la edad heroica. La lealtad de los vasallos al
señor, de los súbditos a su rey, etc, resulta más fuerte que la voz de la
sangre. En la edad heroica misma, sin embargo, no aparecen todavía conflictos
trágicos, pues ya en ella aparece un cambio de valores en la escala moral, y,
finalmente, un individualismo cruel que no respeta nada más que el código de
honor de unos piratas.
La edad heroica no tiene ya el cometido de excitar a
la lucha, sino de entretener a los héroes después de pasada la batalla, de
aclamarlos y ensalzar su nombre. El objeto de los poetas cantores de poesía
heroica no lo constituyen ya deseos y esperanzas, ceremonias mágicas y ritos
cultuales animistas, sino narraciones de batallas victoriosas y d botines
conquistados. Al perder su naturaleza ritual, los poemas pierden también su
carácter lírico y se hacen épicos, en este aspecto son la más antigua poesía
profana independiente del culto que conocemos en Europa. Estos poemas llegan a
convertirse en una especie de información bélica, de crónica de los
acontecimientos guerreros, y, sin duda, narran ante todo las “últimas noticias”
de las empresas bélicas triunfantes y de las correrías de la tribu en busca de
botín.
Al principio sus poetas y recitadores son
probablemente los mismos guerreros y héroes; esto quiere decir que no sólo el
público, sino también los creadores de la nueva poesía pertenecen a la clase
dominante. Pero el noble aficionado es sustituido muy pronto por poetas y
cantores cortesanos – los bardos -, que representan los cantos
heroicos en una forma más artística, más pulida por la práctica, más
impresionante. Estos cantan sus canciones en la sobremesa común del rey y sus generales.
Son cantores profesionales, pero son al mismo tiempo vasallos y gente del
séquito del rey; se les considera, por su ocupación profesional, como señores
respetables, pertenecen a la sociedad cortesana y los héroes les tratan como
sus iguales.
La invasión doria representa el fin de la época que
había convertido de manera directa sus empresas guerreras y sus aventuras en
canción y leyenda. Los dorios son un
pueblo campesino, rudo y sobrio, que no canta sus victorias. Los dorios
transforman la monarquía militarista, una vez establecidos en las costas de
Asia Menor, en una pacífica aristocracia agricultora y comerciante. Ahora los
bienes se distribuyen entre varias manos, y este sistema disminuye el exceso de
lujo de las clases superiores. Lo único espléndido es la producción poética de
la época. Los fugitivos llevan consigo a Jonia sus canciones heroicas, y allí,
bajo el influjo de una cultura extraña, surge la epopeya en un proceso que dura
tres siglos.
La producción poética, que adquirió una forma más
personal al separarse los poetas de los sacerdotes durante la edad heroica,
muestra de nuevo una tendencia colectivista. La epopeya no es obra de escuelas
poéticas. Si no es creación de una comunidad popular, lo es ciertamente de una
comunidad laboral.
El bardo cantaba su canción ante un público real y
noble; el rapsoda recitaba sus poemas
en los palacios de la nobleza y en las casas señoriales, fiestas populares,
ferias. A medida que la poesía se vuelve más popular y se dirige a un público
cada vez más amplio, su recitación se hace cada vez menos estilizada y se
acerca más al lenguaje cotidiano. Este proceso de popularización encuentra su
conclusión cuando la leyenda, con su nueva forma épica, retorna a su tierra
natal, donde los rapsodas difunden su canción de gesta, los epígonos la amplían
y los trágicos le dan una nueva forma. Desde la tiranía y el comienzo de la
democracia la representación de poemas épicos en las fiestas populares se
convierte en una costumbre regular. El bardo ensalzaba los sucesos del día; el
rapsoda rememora sucesos históricos-legendarios. El rapsoda constituye un
fenómeno de transición entre el poeta y el actor. Los abundantes diálogos que
los poemas épicos colocan en boca de sus figuras y que exigen del recitador un
efecto histriónico forman el puente entre la recitación de poemas épicos y la
recitación de poemas épicos y la representación dramática.
Los rapsodas eran con toda probabilidad gentes capaces
de escribir, pues aunque en tiempos muy tardíos existían aún recitadores que se
sabían su Homero de memoria, la recitación ininterrumpida sin un texto escrito
habría provocado con el tiempo la descomposición total de los poemas. Los
rapsodas formaban una clase profesional cerrada, separada de otros grupos, una
clase de literatos muy especializados, formados en antiguas tradiciones, que
nada tenían que ver con lo que llamamos “poesía popular”. La “poesía épica
popular” griega es un invento de la filología romántica; los poemas homéricos
son cualquier cosa menos poemas populares. Todo en el cantar tenía un carácter
cortesano y caballeresco. El núcleo de la poesía homérica habría estado formada
no por romances populares tesalios, sino por canciones panegíricas cortesanas,
que no estaban destinadas a las masas, sino a los oídos exigentes de los
entendidos. Sólo muy tarde, en la forma de una épica ya plenamente
desarrollada, se habría hecho popular la leyenda heroica y solo en tal forma
habría pasado al pueblo helénico.
Es algo que choca con todas las concepciones
románticas de la naturaleza del arte y del artista – fundamentos de la estética
del siglo XIX – el que la epopeya homérica no pueda ser considerada ni como la
creación de un individuo ni como un producto de la poesía popular, sino como
poesía artística anónima, obra colectiva de elegantes poetas cortesanos y
literatos eruditos, en los cuales los límites entre las aportaciones de las
diversas personalidades, escuelas y generaciones son completamente imprecisos.
La concepción del mundo de la poesía homérica es
todavía completamente aristocrática. El cantar heroico se dirigía todavía
exclusivamente a los príncipes y a los nobles; sólo se interesaba por ellos,
por sus costumbres, normas e ideales. La epopeya no expresa del todo los
ideales heroicos de la leyenda. Se da ya una notable tensión entre la concepción
de un poeta humanizado y el modo de vida de sus rudos héroes. No es sólo en la Odisea donde se nos muestra el Homero
“no heroico”. No es Ulises el primero en pertenecer a otro mundo, más próximo
al poeta, que aquel al que pertenece Aquiles; ya el noble, tierno y generoso
Héctor comienza a suplantar el terrible héroe en el corazón del poeta. Todo
esto demuestra que el modo de ser la propia nobleza estaba cambiando.
Una poesía más del pueblo y que se mueve en el mundo
de los campesinos, es la poesía hesiódica. Sus temas, sus cánones e
ideales son los de los campesinos, los del pueblo oprimido por la nobleza
terrateniente. La significación histórica de la obra de Hesíodo consiste en que
es la primera expresión poética de una tensión social, de un antagonismo de
clases. Esta es la primera vez que suena en la literatura la voz del pueblo
trabajador, la primera vez que esta voz se levanta a favor de la justicia
social y en contra de la arbitrariedad y la violencia. Por primera vez el poeta
se hace cargo de una misión de educación política, convirtiéndose en campeón de
una clase oprimida.
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